Liderazgo: El arte de conversar
Para el experto en gestión empresarial, consultor de empresas en temas de alta dirección y ‘coaching’ español Santiago Álvarez de Mon, el liderazgo no puede estar apartado del contexto en que se busca liderar. “Si no estamos en contacto con la realidad, difícilmente estaremos a la altura del reto. Una condición para lograr la transformación es tocarla. Si la niegas o apartas, tarde o temprano te supera”, explicó al dar inicio a su cátedra.
Una de las situaciones en la que se enmarca la realidad actual de las empresas es la crisis económica. A propósito de la situación de Europa y en EE.UU., Álvarez de Mon habló de la dimensión que brindan esos tropiezos para cambiar y realizar giros importantes. “¿Se han preguntado cómo seríamos sin conocer el tropiezo? ¿Sin haber tenido una crisis, económica o de otro tipo? Un cierre, una separación, un despido. Seríamos fatuos, soberbios, arrogantes”, dijo. Las crisis nos hacen conocernos y sacar la mejor versión de nosotros mismos. Porque no vale con ser optimista futuro sino con el presente.
Pues bien, el Arte de la Conversación –entendida como el convencer a los demás de un proyecto común– no es para impacientes ni gente que quiere resultados inmediatos. La conversación no es ruido ni prejuicios ni volúmenes altos, dice Álvarez de Mon. Hay que estar atento al clima que permite la charla, al momento específico en que se realiza y en la capacidad de formular preguntas inteligentes, honestas. “Un jefe que pregunta bien significa dos cosas: que espera respuestas convincentes y valora tu aporte, así sea diferente. Y que hay que ‘hacer los deberes’ porque hay una persona prestando atención”, añadió.
Si un jefe escucha con atención, se logra recuperar ideas. Se determina si el empleado es una persona valiosa o un charlatán que debe ir a la competencia. El misterio y arcano singular, que es la persona humana, solo es accesible a través de preguntas y de un buen oído. “Todas estas ideas que suenan tan simples se han perdido y han dado paso a la ‘comunicación’ por mail, con copias a superiores y/o subalternos. Si recibes un mail no siempre tienes que responder, a veces es mejor darle ‘delete’ o esperar antes que escribir enfadado”, agrega.
Las palabras son muy poderosas, dice Álvarez de Mon. Por ello, el arte de conversar también vive de los silencios, tonalidades y del lenguaje corporal. “El corazón es un órgano inteligente y sabe interpretar eso que no accede necesariamente al cerebro”, dice. Pero antes de lograr esa buena conversación, es preciso conversar antes consigo mismo. Realizar un viaje desde adentro hacia fuera es primordial para lograr un verdadero liderazgo. “A veces el talento está dormido o estamos tan acostumbrado a él que no nos damos cuenta de que lo tenemos. Hay que volver a preguntarse ¿en qué actividad me he sentido contento, divertido, ligero y cómodo?”, aconsejó.
No habrá –dice Álvarez de Mon– crecimiento, rentabilidad ni productividad si no sabemos bien quiénes somos. De allí recién parte el largo etcétera de perseverancia, educación y trabajo. El esfuerzo y la disciplina deben estar a favor de lo que nos gusta, del placer. “Busquen que su gente esté colocada en alguna área en donde estén contentas, haciendo lo que disfrutan y saben hacer”, aconsejó a los más de 600 asistentes.
No hay conversación y no hay futuro si no se está atado al presente, consciente del ruido y del tráfico; capaz de crear y armar un sitio aparte. El tiempo de la conversación separa a esos dos y no hay nadie más. El buen líder capta lo que los sentidos no ven. “Si le hacemos preguntas al futuro este nos desborda, es mejor pensar en el presente y darnos sorpresas”, concluyó.
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